El día en que Tesla vendió un rayo para pagar sus deudas

Aunque a lo largo de la vida nuestras abuelas se han esforzado tanto por evitar que digamos mentiras, es inevitable que en algún momento tengamos que recurrir a ellas para librarnos de algún problema o incluso por el simple gusto de decirlas. Es como si estuvieran programadas en nuestro código genético, ocultas en algún cromosoma esperando a no ser descubiertas. La historia de la humanidad está repleta de estos malignos juegos de palabras que a veces llegan a confundir nuestros pensamientos de una manera admirable.

Hace mucho tiempo, en alguna provincia de la India, vivió un rey llamado Sheram que acababa de perder a su hijo; el hombre, debido a su desgracia, no hacía otra cosa más que deambular por su palacio cabizbajo y sin ánimos para vivir. Todos sus súbditos querían ayudarle a recuperar su buen humor llevándole ofrendas y espectáculos privados, sin embargo, nada lograba convencerlo de que aún existían cosas agradable en el mundo.


granos el rayo de la muerte de tesla



Un día llegó al palacio un pobre campesino de nombre Sissan, que traía consigo un nuevo juego para el rey: el ajedrez. Después de haberle explicado al rey las reglas del juego, el campesino y el monarca se dispusieron a jugar; Sheran quedó tan fascinado que le dijo a su compañero que le pidiera lo que quisiera, a lo que este contestó: «manda a que me entreguen un grano de trigo por la primera casilla del tablero del ajedrez, y por la segunda casilla, ordena que me den dos granos; por la tercera, 4; por la cuarta, 8; por la quinta, 16; por la sexta, 32», antes de que el anciano terminara el soberano mandó a que sus matemáticos contaran los granos que se le tenían que dar a Sissan, pero cuando estos terminaron sus cálculos se dieron cuenta de que la cantidad de granos era mayor a la que había en las reservas de todo el reino.

De la misma manera en que este campesino engañó a su rey para volverse rico de la noche a la mañana, Nikola Tesla, uno de los científicos e inventores más influyentes del siglo XX ,engañó a sus caseros para que no lo corrieran del cuarto donde vivía, situado en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York. El hombre debía la cantidad exacta de 10 mil dólares por lo que los dueños del lugar estaba impacientes por el pago.

Por ese entonces corría el rumor de que Tesla había creado un aparato tan poderoso que podía evaporizar a una persona en segundos: el rayo de la muerte. Aunque nunca se comprobó la existencia del arma los rumores y especulaciones sobre que ésta se encontraba en el hotel neoyorquino eran frecuentes, así que Nikola, quien siempre se negó a la idea de que la ciencia fuera utilizada con fines económicos, tomó una medida desesperada yendo incluso contra sus principios: le ofreció a los dueños saldar su cuenta a cambio de un rayo de la muerte. Estas personas no podían creer el artefacto tan poderoso que estaban a punto de tener entre sus manos, y aunque la primera indicación de el científico fue que la caja que contenía el rayo nunca fuese abriera, los viejos dependientes del edificio no sospecharon nada y sin dudarlo perdonaron la deuda de Tesla.

rayo de la muerte el rayo de la muerte de tesla

La caja no fue abierta hasta pocos años después de la muerte del serbio, cuando un grupo de investigadores accedieron al cuarto donde se encontraba el misterioso contenedor con el preciado objeto, no obstante, tan pronto lo abrieron quedaron decepcionados al hallar en su interior una simple casa decádica, un aparato con varias perillas usado para probar la resistencia de circuitos eléctricos.

tesla el rayo de la muerte de tesla

Si esta mentira le permitió a Tesla tener un techo seguro durante toda su vida, debemos admitir que a veces la mentira tiene muchos puntos a su favor, sobre todo si utilizarla puede arreglar e incluso salvar nuestras vidas. Después de leer esto quizá quieras enterarte de las siete mentiras que dijo el creador de Facebook para engañar más a la gente o tal vez quieres saber un poco de las mentiras que sigues creyendo y no te dejan crecer; porque nunca está de más abandonar la ingenuidad.

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