Los 6 hechos científicos que niega Donald Trump

Desde la invención de los instrumentos de gobierno modernos heredados del triunfo de la Revolución Francesa, la visión dominante respecto al tipo de persona que debe conducir un Estado está vinculada de forma directa a conocimientos profesionales en el derecho, la economía o la política internacional; reducción simplista que resbala en proporción geométrica hacia los peldaños de menor envergadura dentro de un sistema político representativo.

Diputados, senadores, ministros, gobernadores y toda clase de funcionarios gubernamentales parecen responder al mismo esquema de conocimientos “útiles” para llevar las responsabilidades legislativas de un país, pero ¿qué hay de los demás campos del conocimiento, del grueso de actores que participan de la sociedad y ocupan un espacio igual de importante que los abogados, economistas o expertos en política internacional? ¿Dónde están los médicos, los profesores, los artistas y los científicos en general, cuyos conocimientos son igualmente trascendentales en la construcción de un gobierno integral?

El papel de la ciencia está relegado en la opinión popular a los laboratorios, las aulas y la academia como los sitios por excelencia; sin embargo, los conocimientos científicos, hoy más que nunca, son necesarios para comprender un conjunto de problemáticas sociales que se relacionan con el papel de un servidor público: desde el calentamiento global, la energía que alimenta a las ciudades y fábricas y las opciones para generar energía sustentable, los recursos naturales y los hidrocarburos, la política sobre la emisión de gases de efecto invernadero, el marco de regulación de las industrias pesadas con respecto a la conservación del medio ambiente, la investigación y el financiamiento al desarrollo de la medicina, el aborto y la salud sexual y un sinfín de actividades de interés público relacionadas directamente con la ciencia.

La rampante ignorancia del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos parece no tener límites y en distintas ocasiones ha hecho gala de sus limitantes intelectuales para comprender que en la ciencia no hay espacio para la fe; para decidir si un conocimiento es aceptado no se requiere de creer o no en su validez, sino en lo certero que sea para explicar la realidad. Estas son seis cuestiones científicas básicas que el magnate ignora o no está dispuesto a reconocer:

1. Calentamiento global

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Donald Trump considera que el fenómeno causado por la desproporcionada emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera planetaria que contribuye a la frenética aceleración del aumento de la temperatura en la Tierra, junto con las graves consecuencias que tiene para el desarrollo de la vida como la conocemos, es sólo un mito. Situación que puede explicarse a partir de que el magnate es parte de un lobby que vela por los intereses de las grandes compañías encargadas de explotar los recursos energéticos provenientes de los hidrocarburos.

2. Contaminación ambiental

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Al ser cuestionado en una entrevista para la cadena Fox News sobre las dependencias gubernamentales a eliminar para ahorrar en el presupuesto público, Trump afirmó que pensaba seriamente en desaparecer el “Departamento del Ambiente” –posiblemente refiriéndose a la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en inglés), pues no existe una institución con el nombre mencionado en los Estados Unidos–, pues lo único que estaba muriendo con su existencia eran los negocios. Además, es un seguidor del fracking y el uso de carbón e hidrocarburos como principales fuentes energéticas.

3. Efectividad e inocuidad de las vacunas

Uno de los grandes triunfos de la ciencia moderna sobre los microorganismos causantes de graves enfermedades y padecimientos son las vacunas, que contribuyeron a un aumento de la calidad y la esperanza de vida en todo el mundo desde su invención; sin embargo, el candidato republicano ha remarcado en distintas ocasiones la poca fe que tiene sobre esta medida de inmunización, pues afirma que muchos de los hijos de sus empleados y conocidos después de vacunarse han comenzado con “una tremenda fiebre que los puso muy muy enfermos, hasta el grado de convertirlos en autistas”.

4. Calidad del sueño

Donald Trump

En distintas ocasiones, Trump ha explicado con detalle el ritmo de vida y los hábitos de sueño que repite cada noche. El republicano afirma que para él, tres o cuatro horas son tiempo más que suficiente para descansar de un largo día y estar listo para afrontar el siguiente. En realidad, dormir menos del mínimo de seis horas recomendadas para un adulto, a largo plazo produce alteraciones relacionadas con la conciencia, la toma de decisiones, la diferencia entre lo moral e inmoral y la habilidad para pensar racionalmente.

5. Riesgos derivados del cambio climático

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Además de ignorar el calentamiento global, Trump considera que los efectos que se empiezan a sentir en el ambiente y la vida de las especies en la Tierra como los primeros estragos de esta transformación son en realidad un intento de boicot orquestado por China para tomar el primer puesto en la economía mundial, replicados en los acuerdos de París para evitar el crecimiento económico y la competitividad de los Estados Unidos.

6. Exploración del espacio y la NASA

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En noviembre pasado, un niño de diez años preguntó a Trump su opinión acerca de la NASA. El multimillonario respondió con un contundente desinterés, afirmando que existen problemas más graves en la realidad norteamericana, como arreglar la falta de dinero para la prosperidad de los negocios. En realidad, el magnate ignora que la NASA no sólo se encarga de la exploración y la difusión del conocimiento sobre el espacio, sino que contribuye de gran forma en el presupuesto de los Estados Unidos (por cada dólar asignado a la agencia, ésta retribuye diez más), del cual percibe únicamente un 0.4 %, cifra ínfima comparada con el gasto anual en defensa (12.9 %).

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