Revenge porn: la venganza sexual que destruye millones de vidas a través de Internet

Millones de relaciones nacen todos los días. Bastan un par de salidas para que, sin siquiera pensarlo, la persona que hace unas semanas era una total desconocida se convierta en tu confidente. Entre toda la fantasía del enamoramiento, los besos sugieren promesas de amor y de a poco, se transforman en vínculos de confianza. La sexualidad entra en juego y en un impulso, compartes tu cuerpo con el suyo. Durante la lejanía y en medio del subidón emocional propio del enamoramiento, surge una excitante idea: “mándame nudes”. Crees que todo está bien, piensas que jamás podría hacerte daño. Tomas unas cuantas selfies provocadoras y cometes el inocente error de mostrar tu rostro, quieres que te vea y asumes la misma lealtad de su parte.

Después de un tiempo y por cualquier motivo, decides terminar la relación. Los términos de ruptura no fueron los mejores y aquella persona con quien tuviste una cercanía insólita decide traicionar la confianza que tenían de un golpe, comparte todas las fotografías y videos que alguna vez protagonizaste. Entonces tu vida y todo lo que eres queda en manos de una sociedad hipócrita que te juzga entre grupos de amigos y tu propia familia, mientras miles de extraños en Internet te acosan. Suena como una pesadilla, ¿cierto?

El mayor problema es que al despertar, se trata de una realidad constante. Se trata del “Revenge Porn” (Porno de venganza) y ésa es justo su finalidad: causar daños como respuesta a una decepción amorosa, pero también se ha convertido en una forma de humillación pública que arruina millones de vidas alrededor del mundo.


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El término “revenge” se refiere meramente a venganza, pero existen múltiples motivos por los que alguien querría compartir fotografías explícitas de un conocido en la red. Empecemos por lo más simple y peligroso. Los adolescentes que utilizan en exceso las redes sociales e inevitablemente compartirán fotografías de ellos mismos desnudos con quienes creen tener cierto nivel de confianza.

Nadie asegura que el receptor eliminará la imagen o bien, la mantendrá en secreto. Siempre existe la posibilidad de que la comparta, ya sea para generar atención entre su grupo social o para causar un daño emocional. Sin embargo, esta práctica no es exclusiva de los adolescentes. Según un estudio del Cyber Civil Rights Initiative en Estados Unidos, 61 % de poco más de mil encuestados de entre 18 a 30 años de edad han compartido imágenes reveladoras a alguien en su lista de contactos y otro 23% ha sido víctima de “revenge porn”.

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Ahora veamos el panorama completo: Existen sitios web dedicados a ese tipo de fotografías y videos. Millones de archivos se comparten todos los días con nombres y edades añadidos a la base de datos. Si alguien posee imágenes de nosotros puede subirlas y nos convertimos en parte de una lista en la que alguien nos puede buscar. En el peor de los casos, podríamos teclear nuestro nombre en Google y encontrar un sitio pornográfico con nuestro rostro como uno de los principales resultados en pantalla.

Pero tal exposición pública se trata sólo de la punta del iceberg; del 23 % que han sido víctimas de este crimen informático, alrededor de 90 % son mujeres y la mitad de ellas han sido acosadas por individuos en Internet que han logrado tener acceso a su información. Tomando en cuenta lo anterior, cabe preguntarse: ¿existe una salida?

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En noviembre de 2015, el estado de Florida, en Estados Unidos, aprobó una ley que clasifica el “revenge porn” como un delito menor de primer grado. No obstante, si el criminal repite su acción, se convierte en un crimen de tercer grado. Quienes practiquen en esta actividad pueden ser condenados de uno a cinco años de cárcel, pero en un país con más de 300 millones de personas, se requiere una acción más contundente para evitar la proliferación de esta práctica.

El problema aumenta con la deficiente impartición de justicia, las víctimas son puestas bajo juicio, exhibidas (igual que las mujeres violadas) y en muchos casos no se toman ningún tipo de acciones punitivas. Aunque en territorios como el Reino Unido ya existen reglas y castigos para quienes suban contenido de ese tipo a la red, en México y Latinoamérica aún no existe una legislación sólida que regule tales problemáticas.

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La exposición pública es el problema principal para la mayoría de las víctimas, pero hay criminales que usan sus recursos de forma diferente, especialmente cuando se trata del chantaje. El 10 de enero de 2017 una noticia acaparó los principales tabloides del Reino Unido. Un joven de 20 años llamado Alistair Wilson amenazó a dos jóvenes (una de 17 y otra de 18 años) con subir a Facebook fotografías que ellas le mandaron si no accedían a tener sexo con él. Las mujeres decidieron denunciarlo y el sujeto no logró su cometido, pero sólo se trata de un caso aislado entre un mar de criminales similares y demandas mucho peores. Miles de personas no acuden a la policía por miedo a ser expuestas. En caso de que el criminal sea un experto de la tecnología, el “revenge porn” tiene el potencial para convertirse en el delito informático perfecto.

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Los sitios web que promueven este contenido no son castigados por diferentes razones. Además de la débil legislación, se encuentra el hecho de que las fotografías no tienen derechos de autor per se; y aunque algunas ofrecen la opción de eliminación mediante reclamo, una vez que cualquier archivo en la red, es imposible detener su proliferación entre miles de millones de usuarios. Otro motivo es que trabajan por medio de proxys (sistemas de cambio de ruta de datos), así que para encontrarlos se requiere un trabajo exhaustivo.

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Para combatirlo existen diferentes alternativas. En primer lugar se puede hacer una petición en el registro de copyright y darle derechos de autor a nuestra imagen, de esa forma –por ley– todos los sitios web se verían obligados a eliminar el contenido relacionado. También es útil contactar a organizaciones como Without My Consent, que ofrecen ayuda y asesoría a las víctimas de ciberacoso, tan grave y dañino como cualquier otro ilícito en contra de su persona o propiedad. Como usuarios de Internet, cada persona debe de tener el derecho de ejercer su sexualidad con seguridad, sin el riesgo de ser expuestos.

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